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Come fue sometido a un placentero suplicio bajo el errático sol de la playa. Golpe a golpe trató de hacerse paso entre una horda de orcos que, blandiendo sus músculos -y grasitud- en la arena, evitaban su avanzar. Con sus colegas logró el dolor, las heridas y la gloria, aunque no el triunfo final. Enanos diversos quisieron sumarse en su gozo y multitudes aclamaron el poco éxito suyo y de los suyos como si fueran los dueños absolutos del reino enarenado en el que se introdujeron. Lo llevaron todo, y entre aventuras épicas, lo delicioso fue ver a Come robarle un poco de agua, un poco de imagen y mucho de chocolate y rehidratantes a Nixi, quien se la pasó al borde de la batalla suponiendose hábil para entrar a ella y luchar también contra quien pretendiera traicioneramente abatir a su compañero de Lanas. ”

